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Para la que tejiendo se le fue la vida

Dibujaba rayuelas para nosotros en las nubes
Se sentaba en ellas y pinta el cielo en un mural
Sus manos eran capaces de cortar el cielo

Cerraba sus ojos
Cerraba sus ojos como quien tapa una herida
Y guardaba los restos en su bolso café

Con su postura de avestruz
Se sentaba a tejer todas las tardes
Tejía y tejía
Como si la lana fuese igual de infinita que los recuerdos

Ella tejió un cerco
Para que ningún adulto llegara a decirnos que ya era hora
Para que ningún adulto le dijera que el cielo tiene que pintarse de azul

Ella tejió una escalera
Y nos tejió a nosotros de la nube al sofá

Nona nos contó que tenía sus escrituras
Que Dios cambiaba nubes
Por platos de mandarinas
Que Dios era un Dios crítico, y no un Dios rencoroso

Ah…
Los restos del cielo no se quedaban en su bolso
No, ella los depositaba dentro de un baúl
Tomaba el candado
Lloraba un poco
Giraba la llave para tragarla con las uñas
Y así seguir coleccionando atardeceres
En medio de su alfiler.

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